>AMOR A PRIMERA VISTA

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Vio desde el terrado a una mujer que se estaba bañando, la cual era muy hermosa… Y envió David mensajeros, y la tomó; y vino a él, y él durmió con ella. 2 Samuel 11:2, 3.

¿Existe el amor a primera vista? ¿Pueden dos personas amarse, en todo el sentido de la palabra, sin conocerse? Las novelas, las películas y algunas historias de amor parecieran indicar que sí, que es posible amar de todo corazón solo guiados por la atracción física; pero la experiencia de muchos muestra que el amor llega a existir cuando dos personas se conocen.
¿Cómo se demuestra el amor? De muchas maneras, no solo con caricias y besos, porque las demostraciones que realmente valen son las que se producen en los momentos críticos. ¿Podrías llevar al hospital a las tres de la mañana a una persona que te gusta, pero que no amas? ¿Saldrías a trabajar todos los días para que otro gaste parte de ese dinero, solo porque te atrae? ¿Limpiarías el baño que usa también otra persona teniendo en cuenta que no la amas, sino que te gusta físicamente?
Estas preguntas tienen el propósito de que pienses en lo que realmente significa amar y en los sacrificios que se realizan, hasta con placer, cuando hay amor entre dos personas.
El versículo de hoy pareciera indicar que existe el amor a primera vista. Pero veamos las consecuencias terribles, fatales, en la vida de David por haber confundido el amor con la pasión. Él sintió “gusto a primera vista”, no amor a primera vista. Puede haber un “gusto” a primera vista, un grado de atracción. La belleza física de la otra persona puede cautivarte y motivarte, pero eso no es amor. La belleza de una persona es pasajera, tan efímera como el tiempo, pero los atributos que posee interiormente serán los que te llevarán a amar a esa persona o rechazarla. Es verdad, la persona que amarás te debe gustar y te tiene que atraer, pero recuerda que el gusto y la atracción están muy lejos de ser amor.
Cuando el Señor te permita conocer a alguien que te atrae, tómate todo el tiempo del mundo para conocerlo interiormente, saber de sus gustos, de sus planes para el futuro y su relación con Dios. Si después de eso la persona continúa atrayéndote, permite que conozca tus sentimientos, y el amor crecerá en la medida que seas correspondido.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuela

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>EL QUE SIEMBRA, COSECHA

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No oí engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Galatas 6:7.

Camina avergonzado, con las manos dentro del bolsillo de la casaca de jean, usada y maloliente. Los ojos, circundados por grotescas ojeras, y el cabello desordenado reflejan su espíritu abatido. Mientras se pierde, en medio de la multitud del centro de San Pablo, repite una y otra vez, como si quisiese castigarse con las palabras: “Lo mereciste; lo mereciste. Cosechaste lo que plantaste”. Acaba de salir de la prisión, donde estuvo detenido tres días, por portación de cocaína.
Tres días es poco; hay gente que pasa años, en la prisión, por un acto de locura. Hay, también, personas que pagan con su vida las consecuencias de su conducta torcida.
Duele. Puede doler. Duele terriblemente. Pero, la cosecha siempre es proporcional a la siembra: “Siembra vientos y cosecharás tempestades”, afirma el refrán popular. La Biblia advertía lo mismo, desde hace más de dos mil años.
Por inspiración divina, Pablo avisó a los cristianos de Galacia: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Eran tiempos difíciles; el cinismo espiritual parecía oscurecer la transparencia del cristianismo sencillo. Hombres jactanciosos escondían su orgullo espiritual tras la capa de cristianos sinceros. Y hacían mucho mal a la iglesia. Desanimaban a los nuevos conversos, y los atribulaban con una montaña de obligaciones innecesarias.
Pablo dijo a esas personas que, aunque en el presente nadie podía juzgar sus propósitos, Dios lo sabía todo y les otorgaría, a su debido tiempo, la cosecha natural de su terquedad espiritual.
Pero, el consejo del apóstol sirve, también, para la cotidianeidad del ser humano que busca la felicidad: la cosecha de tristezas y de dolores es el resultado de la siembra de los mismos hechos… con dividendos.
Pero, si plantas actos de amor, Dios permitirá que la vida te recompense en abundancia; porque la cosecha es proporcional a la siembra. Para bien o para mal. Siempre. No hay cómo escapar de esta realidad.
Hoy es un nuevo día de siembra. Al salir de casa para enfrentar las tareas de este día, verás delante de ti la tierra, dispuesta a recibir la semilla. ¿Qué plantarás?
Que Dios ilumine tu vida. Que tu vida y tus actos sean una semilla de amor. Porque “no os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”.

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

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>LAS APARIENCIAS

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Cualquiera que mira a, una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón. (Mateo 5:28).

El día que salió de las manos de su Creador, la mujer era perfecta, no solo físicamente, sino también mental y espiritualmente. Creada para buenos propósitos, ha sido blanco predilecto del enemigo, que ha querido desfigurar la imagen que Dios colocó en ella. La mujer fue creada para proporcionar felicidad, no para transformarse en la desgracia de muchos hogares, como lamentablemente sucede.
La Biblia está llena de ejemplos de mujeres que utilizaron sus encantos para la destrucción. Encontramos entre ellos a Dalila, mujer extremadamente hermosa, inteligente, suspicaz, codiciosa y despiadada, que logró lo que ningún valiente había logrado. Dalila usó con habilidad sus encantos para destruir. Se colocó en el bando del enemigo y todo lo bueno que Dios había puesto en ella fue causa de ruina para el libertador conocido como el hombre más fuerte que jamás haya existido.
Jezabel, según registra la Biblia, ejercía una influencia tan negativa sobre su esposo que este se vendió a hacer lo malo, pues ella lo incitaba (ver 1 Rey. 21: 25). David, el rey de quien Dios dijo que tenía un corazón conforme al de él, cayó presa de las trampas sexuales que colocó el diablo en su camino a través de Betsabé. Como vemos, muchas mujeres a lo largo de la historia han causado la ruina de un hombre.
Se dice que detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer, pero no es menos cierto que detrás de la ruina de un hombre talentoso, generalmente se encuentra la influencia malintencionada de una mujer sin escrúpulos que deja a un lado el propósito de Dios para su vida y se pasa deliberadamente al bando enemigo.
Cristo advirtió que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya cometió pecado en su corazón. Como mujeres debemos meditar en nuestra forma de vestir, de caminar y de relacionarnos con el sexo opuesto. ¿Estamos mostrando respeto a Dios, a nosotras mismas y al hombre, corona de la creación? Te invito para que cada día, antes de salir de casa, te contemples en el espejo divino y eleves esta oración: «Señor, no dejes que mi apariencia me aleje de ti».

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

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>LA PRESIÓN DE GRUPO Y EL AMOR

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Yo y mi casa serviremos ajehová. Josué 24:15.

Los sociólogos han identificado desde hace muchos años que los grupos ejercen una tremenda presión sobre el individuo. Los amigos, los compañeros de estudio o de trabajo, los familiares y la sociedad que nos rodea forman la “masa”, y ejercen de tal manera su influencia sobre cada persona que estas son arrastradas a hacer o desear algo que, por sí solos, nunca hubieran hecho o deseado.
El problema con dejarse llevar por el espíritu de masa es que muchas veces es guiado y manipulado por Satanás para llevarnos al pecado bajo la excusa de que “todo el mundo lo hace”. El enemigo de Dios, con el disfraz de engaño que siempre tuvo, procura seducir y manchar las vidas de miles de jóvenes cristianos con esta filosofía.
Pero déjame recordarte que un pecado no deja de serlo porque todos lo practiquen.
Claudia había llegado por primera vez a un colegio adventista, y tuve el placer de ser su profesor de Biblia por un año. Con simpatía y amabilidad se ganó el afecto de todos y pronto tuvo cierto liderazgo entre las damas. Cuando escuchó de mis labios la explicación y los requerimientos que Dios estipula en los Diez Mandamientos, pidió una entrevista a solas. Allí en mi oficina me contó la triste situación que estaba viviendo por no querer practicar relaciones sexuales con su novio. Sus amigas la habían presionado con frases como, “¿vas a ser monja toda tu vida?” y “si se aman, ¿para qué vas a esperar?” Cuando Claudia escuchó que Dios desea que reservemos la actividad sexual para el matrimonio, se convenció que cometería un error si cedía a las intenciones de su novio, y eso la llevó a cortar la relación. “Lo que más me duele ahora es que yo lo amo con todo mi corazón, y no quiero perderlo”.
Oramos para que Dios le diera la victoria, y por su gracia Mariana no cedió a la presión de su novio o a las sugerencias de sus amigas. Con el paso de los días olvidó a ese muchacho y comenzó una nueva relación con un joven adventista, con la paz en su conciencia de quien vive como Dios lo indica.
¿Tu novio o tus amigos quieren que hagas algo contrario a la voluntad de Dios? Ten cuidado, ellos pueden ser utilizados por Satanás, ya que “también hoy hay muchedumbres tan ciertamente dominadas por el poder de los malos espíritus como lo era el endemoniado de Capernaum” (El ministerio de curación, p. 61). Si con humildad, solicitas a Dios que te fortalezca, verás que no habrá nada en el mundo que cambie tus principios.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuela

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>EL VALOR DE LAS PALABRAS

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Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes. Efesios 4:29.

Lo hiciste muy bien. ¡Felicitaciones! Estoy seguro de que un día lo harás mejor.
Jamás olvidaré estas palabras. Me las dijo un viejo profesor, al terminar mi participación en un concurso de Oratoria. Mis manos estaban heladas. Me había olvidado el discurso por la mitad y salí avergonzado, sin tener ganas de hablar con nadie dominado por el único deseo de correr y esconderme de todos. Pero, las palabras del profesor me dieron ánimo. Mis ojos brillaron. Yo lo admiraba mucho, y creí en sus palabras. Y pensé que, un día, realmente podría hacerlo mejor.
La última vez que lo vi, él estaba cansado, y la vida ya casi se le iba.
-No tenga miedo, profesor -le dije-, ya cumplió su misión. Quisiera yo llegar a su edad, como usted.
Sus ojos brillaron. Había emoción contenida en la sonrisa que intentó dibujar en su rostro. Aquel brillo era el mismo que apareciera en mis ojos, años atrás, cuando él intentó animar a un adolescente que se sentía derrotado.
El poder de las palabras es ambivalente: puede servir para construir o para destruir. El consejo de Pablo, hoy, es que “ninguna palabra corrupta salga de vuestra boca”. La palabra “corrupta”, en el original griego, es sapros, que literalmente significa algo que se deterioró; que entró en proceso de putrefacción.
Esto revela que las palabras no son otra cosa sino la expresión de sentimientos heridos, que no fueron curados a tiempo y entraron en proceso de putrefacción dentro del alma.
El remedio es Jesús. Puedes llevar a él tus heridas, abiertas por las circunstancias de la vida. Depositar en él tus ansiedades, tristezas y aflicciones. Él colocará el ungüento sanador en las llagas más profundas de tu corazón, calmará tus dolores y te hará feliz.
Entonces, la fuente de tu espíritu será manantial de agua pura, y tus palabras, instrumentos de edificación para las vidas destruidas por las tempestades del camino.
Pero, no salgas hoy, para relacionarte con las personas, sin prestar atención al consejo del apóstol: “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes”

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

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>UN VERDADERO TESORO – 2 PARTE

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Su valor sobrepasa largamente al de las piedras preciosas. (Proverbios 31:10).

Me halaga pensar que puedo ser comparada con una piedra preciosa, teniendo en cuenta lo cotizadas que son en el mercado. ¿De verdad puedo llegar a ser de mucho más valor que una piedra preciosa? Pero, ¿para quién?
Los especialistas saben diferenciar perfectamente entre una piedra falsa y una auténtica. De igual manera el mundo reconoce también la diferencia entre una mujer falsa y una auténtica. ¿Qué significa ser una mujer falsa? La mujer fue creada por Dios con unas características y con un propósito. Cuando dejamos a un lado ese propósito de nuestro Creador y buscamos desarrollar las características que a nosotras mismas nos interesan, entonces nos convertimos en una falsedad, en algo que no sirve, que no es auténtico. Un diamante falso, aunque solo el ojo experto pueda distinguirlo, no deja de ser falso por más que todo el mundo caiga en el engaño y lo compre.
Si nosotras, como mujeres, tratamos de llevar una vida falsa, sin pulir nuestros defectos de carácter, sin buscar el amor celestial ni la belleza espiritual, nos convertimos en una piedra sin valor para el ojo experto. Seremos auténticas, únicas, y de un valor incalculable cuando cultivemos las virtudes del Espíritu.
Eres un tesoro, porque Dios te ha dado cualidades preciosas: la bondad, la dulzura, la inteligencia y un carácter simétrico. ¡Cuántas mujeres que disfrutan de ropa lujosa, de joyas carísimas y que derrochan riquezas anhelan ser alabadas por lo que en realidad son y no por lo que tienen!
La riqueza que puedas alcanzar no se medirá por tus posesiones materiales, sino por lo que en realidad lleves dentro de ti. Quizás el hombre cegado por el brillo deslumbrante de lo material te prodigue una falsa alabanza, pero Dios, quien te dará la recompensa final, mirará tu corazón, y las joyas que dejes que el cielo coloque en tu interior.
Ruega cada día al Señor, no solamente para que los que te rodean te aprecien por lo que eres, sino para ser aceptada como una joya valiosa en el tesoro celestial. Que el Señor te convierta en una piedra preciosa de su tesoro.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

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>SIEMBRA Y COSECHA (PARTE 3)

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Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Calatas 6:7.
Ayer hablamos de la ley de la siembra y la cosecha y cómo las decisiones y acciones de la vida tienen un efecto sobre nuestro futuro. En el día de hoy veremos el tema desde otro ángulo: cuando los frutos ya están para cosechar.
Todavía recuerdo a una mujer que conocí en ciertas reuniones de Semana Santa. Al terminar los días de predicación, fui a visitarla, porque había solicitado un curso para estudiar la Biblia. En el transcurso de la conversación conocí su historia: Había sido adventista hasta los 17 años, luego los amigos y la falta de apoyo familiar hicieron que se alejara de la iglesia. Fuera de ella conoció a un joven, un buen hombre, responsable, trabajador, pero que no tenía a Cristo en su corazón.
Después de casarse, ella intentó volver a la iglesia y procuró que él también la acompañara, pero por desgracia él no aceptó lo bueno que le daba la iglesia sino que miró sus errores y se aferró de ellos para rechazarla. Pasaron los años y vinieron los hijos, hijos que por un lado tenían la influencia de una madre que procuraba llevarlos a Dios, pero por otro lado un padre que criticaba todo lo que ellos aprendían. A esta altura él conoció a otra mujer, porque su esposa, con el arduo trabajo de criar cuatro hijos, no le daba el placer sexual que él procuraba encontrar en su pareja.
Fue en esa instancia cuando la conocí, destruida emocionalmente, con su autoestima arruinada y sintiéndose muy desdichada. Con lloros y lamentos ella señalaba que su vida era un reino de infelicidad, y llorando casi a los gritos me preguntaba: “¿Qué hice mal, pastor? ¿Cuál es la culpa que tengo que pagar para dejar de sufrir así?”
No le di la respuesta que tenía en mi mente, porque a esta altura ya estaba todo hecho. La Biblia nos advierte a través del versículo de hoy: “Todo lo que el hombre sembrare, eso también segará”. Ella había comenzado a “sembrar” junto a un incrédulo a causa de las decisiones que había tomado en su juventud. Esa siembra que ignoraba el principio bíblico de no unirse en yugo ton los incrédulos (ver 2 Cor. 6:14), con los años dio sus frutos, frutos de amargura y dolor que ahora eran imposibles de ignorar.
Por la merced de Dios cada día tomas decisiones que mostrarán su resul-i.ido en el futuro. Cada día tienes la oportunidad de decidir qué siembra realizarás en los campos de tu vida, que luego darán su fruto. Por eso, antes di- tomar cualquier decisión, consulta la Palabra de Dios.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuela

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