>EXPERIENCIA DE VIDA

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Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre. Proverbios 1:8.

¿Consideras a tus padres algo viejos y fuera de época? ¿Crees que ellos no te pueden aconsejar sobre la elección del amor de tu vida? ¿Crees que sus tiempos fueron distintos a los tuyos y que no vale mucho su ayuda? Si piensas de esta manera, te pareces mucho a mí, porque en algún momento de mi adolescencia y juventud yo también llegué a pensar de esa forma.
Pero, más allá de lo que pienses sobre tus progenitores, quiero contarte parte de la historia de Mónica. Tenía dos hermanos varones, pero ella era la hija menor, y como ocurre en muchos hogares, por ser la menor, sus padres siempre la consintieron en sus caprichos. Creció, y aunque sus hermanos la cuidaban y la defendían cuando hacía falta, los consejos de ellos y de sus padres le parecían ridículos. Después de todo ¿no era lo suficientemente inteligente como para saber qué caminos tomar en la vida?
En el segundo año de la universidad conoció a un joven que provenía de una familia adinerada, y después de un año de noviazgo decidió casarse. Padres y hermanos lucharon para que no lo hiciera, le mostraron los errores de carácter, los malos hábitos y los aspectos tristes de la personalidad del futuro esposo, pero para Mónica su sentido común y su inteligencia le bastaban para darse cuenta de todo. Todos en su familia le rogaron que no se casara, pero lo hizo de todas maneras.
A las pocas semanas se dio cuenta del error que no había sabido ver. Ella era la que trabajaba en su hogar, porque su esposo navegaba en Internet hasta las cuatro o cinco de la mañana y al otro día estaba cansado para ir a buscar trabajo. Se peleaban, se insultaban constantemente y todo el idilio del noviazgo había desaparecido. A todo esto, y como si fuera poco, antes del año de matrimonio, y cuando ya estaban planeado el divorcio, Mónica quedó embarazada.
Con cuánta sabiduría Salomón expresó: “Oye, hijo mío, la instrucción de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre”, porque los padres que aman realmente a sus hijos jamás les aconsejarán algo para perjudicarlos. Ellos pueden haber vivido en otra época, puede faltarles información o la memoria, pero su experiencia de vida los capacita para dar instrucciones muy valiosas. A la hora de elegir al amor de tu vida, además de consultar a Dios en oración, permítele a tus padres que se expresen libremente, quizá puedan ahorrarte disgustos futuros para tu bien.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuela

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>HERENCIA

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Para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros. 1 Pedro 1:4.

A Marcelo no le gusta esperar; creo que a nadie le gusta. El ser humano es .¿Vapresurado por naturaleza. La paciencia es virtud de pocos. Y, sin embargo, Dios desea desarrollar, en sus hijos, la paciencia: el arte bendito de esperar.
Las mejores cosas de la vida no las encuentras en un par de días. Si plantas una semilla de naranjero, tendrás que esperar tres o cuatro años a fin de saborear su delicioso fruto.
Marcelo cree que la vida es corta como para “desperdiciarla” esperando. Vive una vida alocada y sin restricciones; anhela devorar con los ojos todos los placeres del mundo. Y sufre. Porque la vida está hecha de tiempo; y el tiempo demora en pasar.
Piensa en el amor con que la madre espera, ansiosa, la llegada del hijo que carga en su vientre. Habla con él como si ya pudiese entender las cosas; dialoga, le pide opiniones, como si el bebé fuese un adulto que pudiese responder. Es que, para la madre, el niño ya existe aunque todavía no haya nacido.
Eso es, justamente, lo que Dios desea que suceda con los seres humanos. Nos habla de herencia; algo que no se deteriora, no se contamina y no se acaba jamás, pero que todavía está en los cielos.
No la puedes tocar, pero la puedes ver con los ojos de la fe. La puedes imaginar, añorar y esperar, sabiendo que las promesas divinas nunca fallan.
Dios sabe que la fuerza de la esperanza es lo que da valor, al ser humano, para enfrentar los peligros del camino mientras todavía no llegamos al hogar.
Por eso, haz de hoy un día de esperanza. Cierra los ojos, e imagina esa herencia incorruptible e inmarcesible que te espera en los cielos.
Marcelo dice: ¿Para qué quiero cielos si estoy en la tierra? Sí, Marcelo, tú estás en la tierra; pero, aunque no lo creas, esta tierra es pasajera: acaba como acaba el día. Se va, como se van los años y la juventud. Y ¡ay de aquel que solo vivió para el presente!
El futuro puede parecer distante. Pero llega. Escríbelo en las tablas de tu corazón y, mientras ese día no llega, recuerda que es necesario prepararse “para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros”.

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

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>UN ENCUENTRO IMPRESCINDIBLE

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No ames el sueño, para no empobrecerte; abre tu ojos y te saciarás de pan. (Proverbios 20:13).

Por lo general, agradezco al reloj cuando me avisa de que ya es hora de terminar las tareas diarias y descansar. El trabajo en un hogar nunca termina, parece un engranaje imposible de detener. Las obligaciones se repiten una y otra vez, dejando una estela de agotamiento sobre nosotras. Entonces, el sueño llega como un bálsamo restaurador para cargar nuestras agoladas balerías.
El texto de hoy no habla acerca de ese descanso que Dios mismo hizo para el bien humano, sino que señala el peligro de desperdiciar el tiempo dedicándonos nada más que al descanso. Desde bien pequeña, mi madre constantemente tenía una tarea que darme, y repetía las palabras: «Mente ociosa, taller del diablo». Así logró hacer de mí una mujer laboriosa. Tanto es así, que a veces mi esposo tiene que recordarme que el descanso también forma parte de la salud tísica y mental.
La pobreza no solo tiene que ver con lo material, también puede ser espiritual, intelectual y social. A veces alegamos no tener tiempo para nuestra devoción personal, pero lo cierto es que hay tiempo para todo debajo del sol (ver Ecl. 3: 17). Si le quitas a tu sueño 15 minutos diarios, puedes aprovecharlos para meditar y orar.
Por naturaleza, me gusta acostarme temprano y levantarme temprano, así que nunca ha sido un problema para mí despertarme cuando el sol apenas sale y pasarme una hora o más estudiando. Después de casada he mantenido esta costumbre, pero cuando comenzaron a llegar los hijos empezaron los cambios. Agotada por el peso del trabajo, muchas veces me acostaba muy tarde y así fui reduciendo el tiempo que dedicaba a mi devoción personal.
Dios, quien siempre está al tanto de nuestras vidas, me ha sacado de ese bache. Me ha hecho ver que sí hay tiempo cuando una se lo propone. Y que el tiempo restante Dios lo bendice cuando somos fieles en nuestro encuentro diario con él. Hoy mi devoción es diaria y en ella encuentro mi mayor consuelo. No dejes que nada se interponga en tu encuentro diario con tu amante Padre.
Señor, cada día abre nuestros ojos y saciarnos del pan de vida.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

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>UNA PARA UNO

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Lo que aún busca mi alma, y no lo encuentra: un hombre entre mil he hallado, pero mujer entre todas estas nunca hallé. Eclesiastés 7:28.

Desde hace siglos, algunos segmentos de la sociedad han sentido admiración hacia los hombres que tienen varias mujeres. La poligamia en algunas culturas es vista como el privilegio de los poderosos e influyentes.
Esta manera de pensar incluso ha “contagiado” a las mujeres. Se las ve como autosuficientes e independientes cuando viven solas y se pueden mantener, y son aun más “poderosas” cuando usan a los hombres para satisfacer su placer sexual, pero no se involucran sentimentalmente con ellos.
Muchos han llegado a pensar que tener ese tipo de experiencias es “disfrutar realmente de la vida”, pero veamos el caso que narra la Biblia de un hombre que tuvo muchas mujeres: Salomón. Este rey y poeta nació como príncipe y luego fue rey, y en su deseo de alcanzar grandezas construyó palacios, amontonó oro y joyas, tuvo muchísimos siervos y criados y también muchas esposas. Las Escrituras nos cuentan que “tuvo setecientas mujeres reinas y trescientas concubinas” (1 Reyes 11:3). En otras palabras, si Salomón quería estar cada noche con una mujer diferente, tenía que esperar tres años para repetir la que había tenido al principio.
Quienes no conocen su vida como lo muestra la Biblia, llegan a pensar que Salomón realmente fue un hombre dichoso. Pero hacia el final de su vida escribió: “A esta conclusión he llegado, dice el Eclesiastés, considerando a las mujeres una por una: hasta el día de hoy he tratado de saber el porqué, pero ha sido en vano, a saber, que se puede hallar un hombre entre mil, pero dar con una mujer entre todas estas es imposible” (Eclesiastés 7:27, 28 La Biblia Latinoamérica).
Parece increíble, pero mil mujeres no alcanzaron para que al menos fuera feliz con una.
En su magna sabiduría, Dios diseñó en la creación un hombre para una mujer y una mujer para un hombre. Dentro de su diseño estaba la felicidad de ambos en esa unión, y como el Creador sabía lo que necesitarían, les proveyó lo necesario y suficiente para suplir las necesidades emocionales, afectivas, sociales y sexuales. Dios no se equivocó en su creación, sino que el enemigo trastornó la mente de la humanidad para que pensaran que una persona no bastaba.
Salomón es el triste ejemplo de quien no comprendió los designios de Dios para el matrimonio, pero nos dejó su experiencia para que nosotros no cometamos el mismo error. Una persona es suficiente, porque así nos hizo Dios.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuela

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>GALARDÓN

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Entonces dirá el hombre: Ciertamente hay galardón para el justo; ciertamente hay Dios que juzga en la tierra. Salmo 58:11.

¿Que si hay motivos para entristecerse y ponerse nervioso, frente a las circunstancias injustas de este mundo? ¡Claro que los hay! Y muchos, todos los días, en todos los lugares.
A César, por ejemplo, lo despidieron hoy del empleo, por no encubrir una mentira del jefe.
-¡Nadie va a morir por eso! No estamos matando ni robando. Si no estás de acuerdo, me pruebas que tienes la mente estrecha, y no necesito ese tipo de gente en mi empresa -le dijo el dueño, antes de despedirlo.
Al salir a la calle, César sintió que la tierra temblaba bajo sus pies. ¿Qué hacer? ¿Adonde ir? ¿Cómo enfrentar ahora los compromisos? Con su sueldo, pagaba la universidad y le faltaban solo cinco meses para graduarse.
-¡Es injusto, Dios mío, es injusto! -repetía mientras se encaminaba a la parada del ómnibus, en medio de la multitud indiferente.
Entonces, dime: ¿hay motivos para entristecerse y ponerse nervioso, ante las circunstancias injustas de este mundo? Sin embargo, el versículo de hoy afirma que, a pesar de esas injusticias, hay un Dios que juzga, en la tierra.
Esta no es una esperanza de justicia futura, allá, en el cielo. En las dos frases del versículo, el salmista habla en tiempo presente: “Hay galardón” y “Dios juzga”. No dice “habrá” ni “juzgará”, sino hay y juzga.
Quiere decir que, aunque el pecado domina el planeta trayendo dolor, injusticia y muerte, Dios no permanece indiferente al sufrimiento de sus hijos. Puede parecer que sí; pero el tiempo (y no necesita ser mucho) te probará que el Señor está atento a lo que te sucede.
César encontró empleo en una empresa en la que permanece hasta hoy. Después de su graduación, escaló mucho dentro de la empresa. Actualmente, es uno de los gerentes.
El ex jefe fue preso en medio a un escándalo público, y gente inocente, como lo era César, fue involucrada por apoyar la mentira, por miedo de perder el empleo.
Por eso, hoy, a pesar de las posibles injusticias que puedas estar sufriendo, enfrenta las circunstancias más difíciles recordando que “ciertamente hay galardón para el justo; ciertamente hay Dios que juzga en la tierra”.

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

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>UNA MUJER PRUDENTE

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Dolor es para el padre un Hijo necio y gotera continua las contiendas de la mujer (Proverbios 19:13).

Cuando mi hijo mayor era bien pequeño, nos enviaron a atender una de las iglesias más al oriente de Cuba. Era una ciudad muy acogedora, sus ciudadanos amables, generosos y sinceros. Como familia nos sentimos felices de compartir nuestras vidas con ellos durante tres años, pero la vivienda en la que nos tocó vivir estaba francamente en muy mal estado. Esa región es muy húmeda, está rodeada de montañas y tiene una vegetación exuberante, de un verde único. Había temporadas muy lluviosas y fácilmente se pasaba casi un mes lloviendo sin descanso. Pude comprender allí el significado de las palabras de Salomón «gotera continua», A veces ya había escampado afuera, incluso el sol había salido de su escondite, pero dentro de nuestro hogar persistían las goteras. ¡Era algo realmente difícil de soportar!
Las mujeres somos muy propensas a convertirnos en goteras. Algunas solo a intervalos, otras incesantemente y durante tiempo indefinido. Personalmente no me gustaría ser conocida como una gotera continua, pero me he dado cuenta de que, de vez en cuando, goteo. El peso de la casa, el afán por mantenerla limpia y recogida, nos hace gotear quejas, lamentos y órdenes. Es cierto que llevamos el mayor peso en cuanto a las tareas del hogar, sobre todo cuando tenemos hijos, pero creo que deberíamos medir las consecuencias de nuestras goteras para que no se conviertan en insoportables.
Por otra parte, nuestra forma de hablar, de dirigirnos a nuestra familia, los posibles celos o insatisfacciones que sentimos con respecto a nuestra pareja, pueden convertirse también en una gotera difícil de soportar.
Hagamos un alto en nuestras vidas, dediquemos tiempo a corregir esas goteras y tengamos presente que: «La casa y las riquezas son herencia de. los padres, pero don de Jehová es la mujer prudente» (Prov. .19: 14).
¿Cómo quieres ser reconocida por los que. te rodean? Ante ti tienes las dos opciones: o como una gotera continua de quejas y mandatos, o como una mujer prudente y discreta. Decide hoy entregarte a Dios y él te dará la sabiduría necesaria.
Señor, ayúdanos a ser una bendición para todos los que me rodean.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

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>DECISIONES DE IMPORTANCIA

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Hijo mío, guarda mis razones, y atesora contigo mis mandamientos. Proverbios 7:1.

Entre las decisiones que tomas, hay algunas que no tienen gran importancia mientras que otras tienen un peso terrible. Por ejemplo, puedes equivocarte en poner el reloj despertador y llegar tarde al colegio, y lo más grave será que te marquen ausente. Pero, si te equivocas con la profesión que elijas, puedes ser una persona desdichada por tener que trabajar todos los días de tu vida en una labor que no te agrada.
La elección de la persona que vivirá contigo toda la vida tiene una importancia mayúscula. No puede ser tomada a la ligera, no se la debe considerar en un momento de apuro, no se puede hacer sin consultar a Dios. Satanás procurará que te equivoques, que elijas mal, que te enredes en tus errores, porque de esa manera tu hogar pasará a ser uno de los tantos fracasados. Por eso no te alejes de la mano de Dios y de sus mandamientos, y mira qué clase de persona está a tu lado.
Víctor no pudo elegir bien. Aunque había nacido en un hogar adventista, con sus 19 años se había alejado de Dios y de la iglesia. No se había dedicado a estudiar porque su padre le proveía trabajo, y con eso consideraba su futuro asegurado. En el amor, no tenía nada definido, pero se “descuidó” cuando entabló una relación con una joven que no amaba a Jesús. A pesar del disgusto de su familia con esa relación, Víctor la continuó porque no tenía mucho que perder en una relación en la que no amaba a la otra persona. Pero después de unos meses, su novia quedó embarazada, y sintió que se le venía el mundo abajo.
Víctor no estaba preparado para ser padre, tampoco deseaba casarse con una joven que no era adventista, pero asumiendo la responsabilidad que implica la paternidad, se casó para no dejar a un hijo sin padre. Los años pasaron y aunque su esposa ingresó a la iglesia, esa convivencia nunca fue feliz. Celos, peleas, recriminaciones, infidelidades conyugales y dolor fue lo que reinó por años en ese hogar mal formado, aun con la presencia de varios hijos.
Estoy seguro que si alguien le preguntara a Víctor en el presente, ¿te gustaría echar atrás el reloj? Su respuesta sería un SÍ rotundo. Tristemente, no es posible. Hay decisiones que una vez tomadas no se pueden echar atrás, y cuando decidió tener relaciones con esa chica que ni siquiera amaba, no consideró las consecuencias que podrían traerle sus acciones.
Dios te invita en el día de hoy a que atesores sus mandamientos para que te protejan de las consecuencias que te impedirán ser una persona feliz y te cuiden de los errores que podrías llegar a lamentar en el futuro.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuela

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