>UN CLAMOR DESESPERADO

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Entonces ella vino y postro ante el, diciendo: “¡Señor, socórreme!”. (Mateo 15:25).

La fe de la mujer cananea ha sido durante tiempo motivo de polémica entre los lectores de la Biblia. Aparentemente existe una contradicción en cuanto al trato poco humano que Jesús parece dar a esta mujer y el concepto cristiano de un Dios amoroso, todo compasión y misericordia. Pero no es mi propósito entrar aquí en un debate teológico sobre este incidente, sino que más bien quiero detenerme en el pedido especial que hizo esa mujer, y en los resultados que obtuvo.
En primer lugar, esa mujer marginada y rechazada por la sociedad judía sintió la imperiosa necesidad de acercarse a Jesús. En días anteriores hemos estado hablando acerca de la mujer enferma de flujo de sangre. ¿Qué similitudes hay entre ambas? Las dos estaban pasando por una situación desesperante, eran consideradas culpables y merecedoras de la desgracia que había llegado a sus vidas, y habían sido juzgadas y condenadas injustamente. Pero a pesar de todo eso, las dos estaban convencidas de que Jesús las atendería y resolvería su problema.
Estoy segura de que esta mujer también tuvo que superar una gran cantidad de obstáculos para llegar junto al Maestro. ¿Te sientes de alguna (orina identificada con ella? ¿Estás pasando por momentos críticos y no encuentras a nadie que te de una mano para ‘ayudarte a salir, en lugar de a. hundirte más? ¿Recibes críticas despiadadas incluso de tus amigos y familiares? Entonces, al igual que estas mujeres, tu único remedio es ir hoy mismo a Jesús. No esperes más.
La mujer cananea no solo vio corno su hija enferma recuperaba de nuevo la salud, sino que también encontró la paz que tamo anhelaba su alma. Si tú te acercas hasta Jesús cada mañana no solo veras que puede sanar a tus hijos de los azotes de la enfermedad física, sino que. también recibirás el bálsamo que cura todas las heridas, incluidas las del alma.
No dejes que pase la oportunidad de clamar al Señor; él siempre estará dispuesto para ti. Sea tu oración: «Señor, escucha mi ruego y socórreme, porque solo en ti hay salvación».

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

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>UNA MEZCLA FATAL

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Viendo los hijos de Dios que las hijas de Los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas. Génesis 6:2.

Después de que el pecado entró al mundo, los descendientes de Adán se dividieron en dos grupos: los hijos de los hombres (los que rechazaron a Dios, descendientes de Caín) y los hijos de Dios (hombres que siguieron a Dios, descendientes de Set).
La diferencia en la adoración y en el estilo de vida se mantuvo durante muchas generaciones hasta que “los hijos de Dios” vieron “que las hijas de los hombres eran hermosas”. Aparentemente, la genética favoreció a los descendientes de Caín y sus mujeres eran más hermosas que las hijas de Set. Así fue que quienes habían decidido seguir y honrar a Dios con su vida, comenzaron a mezclarse con quienes lo habían rechazado.
Tristemente, el atractivo del mal tuvo más efecto que el bien, y de esa unión nacieron hombres que se obstinaron en vivir sin Dios. Gigantes con un intelecto poderosísimo utilizaron sus talentos para enorgullecerse y exaltar al hombre en lugar del Creador. Se introdujo la idolatría y la violencia se propagó rápidamente por el mundo. El relato continúa diciendo que “la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Gen. 6:5). En otras palabras, todo lo que decían y hacían diariamente era contrario a la voluntad de Dios. Esa generación de hombres obligó a Dios a tomar la determinación de destruir el mundo con un diluvio. “Y se arrepintió Jehová de haber hecho hombre en la tierra, y le dolió en su corazón” (vers. 6).
El mismo enemigo que obró en los hijos de Dios antes del diluvio para que se apartaran de él, continúa obrando hoy para que los cristianos apostaten de su fe. También hoy existen dos bandos espirituales: los hijos de Dios y los hijos de los hombres. La mezcla entre los seguidores de Dios y los incrédulos, que fue fatal para la generación contemporánea a Noé, continúa teniendo el mismo poder nocivo que tuvo hace seis mil años. No existe unión entre el bien y el mal, y cuando la hay, el mal tiene todas las de ganar. La belleza corporal puede ser una trampa si quien la posee no le entregó su corazón a Jesús, por eso, mira más allá de las apariencias externas. No te dejes encandilar por el atractivo físico, valora el compromiso y el amor a Dios que posee esa persona, y asegúrate que también sea parte del grupo de “los hijos de Dios”.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuela

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>USA TU DON

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Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios. 1 Pedro 4:10.

Erik vivía como si no necesitase de nadie. En cierta ocasión, mientras un incendio destruía la casa de un vecino y todos corrían de un lado para otro tratando de ayudar, él miraba de brazos cruzados. Entonces, alguien le preguntó:
-¿No vas a hacer nada? ¿Te vas a quedar mirando, solamente?
-Cada uno cuida de su vida -respondió, levantando los hombros.
Y se alejó como si nada estuviese sucediendo.
La indiferencia parece ser el mal de nuestro siglo. Las personas están tan ocupadas en resolver sus propios problemas que llegan al punto de pensar que son las únicas que existen y que necesitan de ayuda.
Pero, el consejo de Pedro es que, si queremos ser gente realizada y feliz, debemos vivir al servicio de los demás. Es interesante el modo en que Pablo empieza el versículo de hoy: “Cada uno”, dice. La responsabilidad de ministrar los dones del Espíritu no es colectiva; empieza con el individuo. Nadie puede esconderse detrás de los otros, bajo pena de caer en la arena movediza de la indiferencia.
Cada uno, “según el don que ha recibido”. Nadie vino al mundo sin algún don, y todos somos responsables por administrar ese don en favor del ser humano. El ejercicio del don para ayudar al semejante hace de una persona un ser altruista y victorioso.
La palabra “ministrar”, en griego, es diakoneo, que significa “servir”. El secreto de una vida realizada es el servicio. Vivir solo en función de las propias necesidades, sin prestar importancia a las necesidades ajenas, convierte al corazón en un pozo de egoísmo.
La diferencia entre un manantial y un pozo es que el manantial deja correr sus aguas, y por eso permanece limpio y transparente. El pozo no; el pozo guarda, retiene y esconde. Con el tiempo, sus aguas se corrompen y solo sirven para provocar la muerte.
Toma este nuevo día como un día de servicio. Aprovecha cada minuto para usar el don que Dios te dio en favor de otros. Edifica vidas; haz felices a las personas que están a tu lado. Y recuerda el consejo de Pablo: “Cada uno según el don que ha recibido, minístrelo a los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios”.

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

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>QUEBRANTADA

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Se acercó una mujer con un frasco de alabastro lleno de un perfume muy caro, y lo derramo sobre la cabeza de Jesús. (Mateo 26:7 NVI).

Tu y yo tenemos la necesidad de llegar a Jesús derramando nuestra vida de par en par, siendo receptivas a la obra de! Espíritu Santo. ¿Eres capaz de derramar tu corazón ante Cristo para que él te enseñe y te corrija? ¿Puedes descubrir esos defectos en tu carácter que necesitan ser corregidos por él? Esta mujer derramó no solo el vaso de alabastro que llevaba en sus manos, sino su corazón. Lo dejó abierto para que Cristo pudiera hacer su obra en ella.
Con demasiada frecuencia sentimos lástima de nosotras mismas. Nos gusta que alguien nos ponga la mano en el hombro y nos dé ocasión de poder justificarnos, de dar veinte mil excusas para no sentirnos culpables. Pero la lástima no es un buen recurso para vencer en la vida. Recuerdo que cuando era pequeña y enfrentaba algún dolor físico, mi padre me decía: «Sé fuerte, el próximo te dolerá menos». Esas palabras las he repetido una y otra vez, no solo a mí misma, sino también a mis hijos. Cada obstáculo que salvamos, nos capacita más para vencer el dolor.
Enfrentar la vida es dejar a un lado la lástima y el victimismo. Muchas veces no acudimos a Cristo porque él, aunque nos ama, nos señala cosas que debemos corregir, defectos que a menudo han de ser eliminados bajo el crisol de un fuego abrasador. Cuando rogamos que Cristo venga, estamos pidiendo que apresure en nosotros el proceso de santificación. Por supuesto, al cielo no podemos ir con una vida tachonada de espinas, manchada por los pecados que no han sido confesados ni corregidos. Dios tiene como principal objetivo salvamos, por eso muchas veces, por nuestra propia actitud, se ve forzado a pasamos por la prueba.
Ante las pruebas y las luchas, no te amilanes, recuerda a aquella mujer que derramó su corazón, y Jesús le extendió su manto justificador. Derrama hoy tu vida en las manos del Salvador. Ahí obtendrás la victoria. Sea tu oración: «Señor, haz que derramar mi vida sea el nías exquisito perfume que puedo ofrecerte».

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

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>DECISIONES DE VIDA O DE MUERTE

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Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte. Proverbios 14:12.

Hay decisiones que dejan una huella en la existencia. Elegir a la persona que será tu cónyuge, traer un hijo al mundo, y la carrera que se escoge, alterarán tu vida durante muchos años. Si elegiste bien, serás una persona dichosa y feliz; si elegiste mal, tendrás que sobreponerte a las malas consecuencias.
¿Qué sucedería si tuvieras que elegir entre tu pareja y la vida eterna? ¿Qué elegirías? En la teoría, y si no hay alguien a quien se ama de todo corazón, es fácil decir “la vida eterna”, pero cuando el amor ya alcanzó cierta profundidad, no resulta tan sencilla la decisión.
Eso le pasó a la primera pareja. Adán y Eva se conocieron y casaron cuando todavía no había entrado el pecado al mundo. Sus sentimientos, su amor y su alegría eran frutos de la inocencia y la santidad que poseían. Todo lo que hacían y decían revelaba al Creador, y en todo momento sus actividades honraban a quien les había dado la vida.
Si bien tenían instrucciones precisas sobre el árbol de la ciencia del bien y del mal, Eva se aventuró a coquetear con el peligro. Sin tener una respuesta satisfactoria sobre por qué Dios les había prohibido el consumo de ese fruto, la serpiente pareció adivinar sus pensamientos e inició el diálogo. Poco a poco Eva fue perdiendo la confianza en las palabras de Dios y creyendo el engaño con mezcla de verdad que le ofrecía Satanás. Entonces comió del fruto prohibido.
Cuando Adán la vio llegar con el fruto en la mano, le dolió haber dejado sola a su esposa. Ella repitió el engaño que había escuchado de la serpiente, pero no logró convencer a su marido. El dilema para Adán no era creerle a Dios o creerle a la serpiente, sino obedecer a Dios o seguir el destino de “su” Eva. “Adán había gozado el compañerismo de Dios y de los santos ángeles. Había contemplado la gloria del Creador. Comprendía el elevado destino que aguardaba a la raza humana si los hombres permanecían fieles a Dios. Sin embargo, se olvidó de todas estas bendiciones ante el temor de perder el don que apreciaba más que todos los demás. El amor, la gratitud y la lealtad al Creador, todo fue sofocado por amor a Eva” (Patriarcas y profetas, p. 40, la cursiva ha sido añadida).
Adán se equivocó, y decidió perder la inmortalidad por el amor de su vida. Si te tocara elegir a ti, ¿qué decisión tomarías? Hoy tienes la posibilidad de consagrarte nuevamente a Jesús, así que entrégale tu corazón sin reservas para que nada en este mundo te aparte de sus caminos; ruégale para que el amor de tu vida contribuya a tu salvación y no sea el instrumento para alejarte de la vida eterna.

Tomado de meditaciones matinales para jóvenes
Encuentros con Jesús
Por David Brizuela

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>PROPÓSITO ETERNO

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Según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él. Efesios 1:4.

Odiel anhela vivir la vida en su plenitud. “El cielo es el límite”, se repite a sí mismo; y corre sin frenos por la carretera peligrosa de la vida. Es joven; demasiado joven, tal vez, para haber pasado por la escuela del sufrimiento. Por eso cree que el dolor solo existe para los que se permiten ese “lujo”.
Sus padres sufren. Observan la desenfrenada carrera del hijo único. Quisieran decidir por él, pero es imposible: llega un momento en que, a los padres, solo les resta orar, rogando porque al hijo le vaya bien. Cualquier palabra de advertencia levanta más el muro de separación que el propio hijo erige.
Odiel detesta la palabra “santo”. La relaciona con adultos fanáticos, que obligan a los jóvenes a vivir sin alegría ni gozo. En su mente evoca seres tristes, con el ceño fruncido y amargura en las palabras. Cada vez que oye hablar de la santidad, piensa en lo que está “prohibido” hacer.
Pero la santidad, según el versículo de hoy, tiene poco que ver con dejar de hacer cosas malas o practicar cosas buenas. Santidad, en el sentido literal de la palabra, significa haber sido “apartado para un propósito especial”; la consciencia de ese propósito es la que te lleva a vivir una vida diferente.
No estás en esta vida por casualidad. Desde antes de la fundación del mundo, Dios deseaba que tu existencia fuese sin mancha. La mancha no consiste en actos malos, solamente; la peor de las manchas es el deterioro del maravilloso carácter de Jesús en tu vida. En el griego, la palabra mancha es amamos, que significa imperfecto, defectuoso.
No fue así que saliste de las manos del Creador. Tu destino es glorioso. El propósito, para tu existencia, es la perfección. Pero, algo sucedió a lo largo del camino y, hoy, el propósito divino se está deteriorando en ti.
Santidad es volver al estado de plenitud que Jesús anhela; un estado en el que el mayor beneficiado eres tú. Por eso, no salgas hoy por los caminos desafiantes que este día te presenta, sin tomar consciencia del propósito divino para tu vida, y sin recordar que “nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él”.

Tomado de meditaciones matinales para adultos
Plenitud en Cristo
Por Alejandro Bullón

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>UN TOQUE MARAVILLOSO – 2 PARTE

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Si al menos logro tocar su manto, quedaré sana (Mateo 9:21).

La enfermedad forma parte de la vida y es de suma importancia cómo reaccionamos ante ella. Algunas personas se alejan de Dios, porque lo acusan de su desgracia. Otras hacen como esta mujer, avanzan contra viento y marea hasta tocar el manto de Jesús. No siempre es fácil llegar hasta Jesús, puede que antes tengamos que superar algunos obstáculos, como le sucedió a ella.
En primer lugar estaba la multitud que la separaba del Maestro. Quizás en tu caso el ritmo trepidante de tu rutina diaria, o las responsabilidades que tienes en la iglesia o en tu trabajo constituyan el primer obstáculo en tu camino para llegar hasta Jesús.
En segundo lugar la debilidad, el rechazo, la marginación, pueden impedirte salir a la luz y vivir una vida espiritual plena. ¿Te has sentido así alguna vez? Quizás tus limitaciones físicas despiertan criticas sobre tu rendimiento. o incuso no fallen aquellos que opinan que eres una carga para tu esposo o para tus hijos. Entonces, debes saltar ese difícil obstáculo, asida de la fe. No hubo pensamiento ni critica que impidiera a esta mujer llegar hasta Jesús.
Por si esto fuera poco, ella también se sentía indigna y pecadora. La enfermedad por lo general era considerada un castigo de Dios por los pecados cometidos y esta mujer había sido acusada de estar recibiendo su merecido. Pero algo le. decía que Jesús no la trataría igual. El amor que revelaban las palabras de Cristo y su dulce mirada infundían ánimo a su corazón. No dejes que Satanás ni sus agentes te hagan sentir indigna de acercarte a Jesús. Lucha, confía y llega a los pies de tu Salvador.
Tienes aquí un ejemplo de. una fe poderosa que obra y actúa confiadamente. No existió obstáculo alguno que le impidiera llegar a su único Salvador. Para ella, la solución era Jesús. Para ti, la solución es ir a Jesús. De él no solo recibirás la sanidad física y las fuerzas para llevar tu cruz, sino también la garantía de una vida plena en un mundo libre de dolor.
Señor, ante el valle de sombra y de muerte, fortalece nuestra alabanza.

Tomado de meditaciones matutinas para mujeres
De la Mano del Señor
Por Ruth Herrera

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